domingo, 15 de julio de 2007

Más allá de lo que vemos en el espejo ...

Dani tiene doce años y se ha quedado sin amigos. Dice que todos sus compañeros del colegio son tontos, que los chicos con los que juega al fútbol son estúpidos y que sus vecinos no merecen la pena como amigos. Dani se ha quedado sin amigos, no porque crea que él sea el único válido, sino porque Dani trata a los demás como si fueran de segunda categoría. Los demás le huyen. Dani es competitivo, siempre quiere ganar, él es quien hace todo bien y los demás lo hacen mal, él siempre trata de estar por delante. Esto se comprende porque Dani tiene un hermano mayor que hace lo mismo con él. Cuando su hermano mayor toma esa actitud, Dani se siente humillado, dominado, hundido. Pero Dani repite ese modo de tratar a los demás.

¿Quién es la persona más importante para cada uno de nosotros? La persona más importante para cada uno de nosotros somos nosotros mismos y cualquier mínimo atentado a esta percepción nos hace sentirnos oprimidos. Todos somos orgullosos y todos tenemos una dignidad que mantener.

Solemos olvidarnos de esto y, aunque lo hagamos de forma soterrada incluso para nosotros mismos, miramos a los demás por encima del hombro. Lo hacemos con nuestros amigos, con los compañeros de trabajo, con los dependientes de los comercios, con los clientes, con los desconocidos. Nos olvidamos que todos somos iguales y que todos tenemos una dignidad que defender.

Lo inteligente es hacer ver a los demás que son importantes, que hacen bien su trabajo, que son personas con todos sus derechos. Ser inteligente es reconocer el honor de los demás.

El otro día tenía que hacer unas gestiones en un Banco. Llegué justo en el momento en que estaban cerrando. El Guarda de Seguridad me dijo que estaba cerrado. Yo tenía urgencia en hacer las gestiones, así que mi táctica no fue enfrentarme al Guardia de Seguridad, sino tratarlo muy bien. Le dije que comprendía su postura, ya que él era el responsable de la seguridad del Banco y que tenía que hacer respetar las normas. Le agradecí su profesionalidad y le pedí como favor que me dejara entrar. Lo traté como a un profesional y se lo pedí como un favor, como algo que él, desde su posición de autoridad, podía conceder. Y lo hizo, me dejó entrar, ya que no puse en duda su posición de poder.

Trata mejor a la gente, reconoce y respeta su dignidad, y observa lo que pasa. Te llevarás muchas sorpresas.

por Ricardo Ros visita su sitio: www.pnlnet.com